Laura Spivak es artista plástica, curadora y gestora cultural. Conversamos con ella sobre sus trabajos, los distintos formatos que adquiere su obra, las distintas formas de curaduría y su actual trabajo en el Centro Cultural Recoleta.
– N y M: ¿En los últimos años pasaste del formato más tradicional a la realización de textiles y otros objetos ¿cómo fue esa transición y qué la motivó?
– L: No sé si tiene que ver con una transición, sino más bien con una ampliación del campo del trabajo y de los espacios de circulación. Me interesa tanto el recorrido de mi obra dentro del circuito de arte contemporáneo como en otros ámbitos en los que puedo llegar a nuevos públicos y experimentar con otros formatos. En este sentido las obras seriadas, múltiples, posibilitan que el trabajo se expanda, y sea más accesible: una misma obra puede ser disfrutada por diferentes personas a la vez, los precios son otros, etc. Entonces me asocié con algunas personas con las cuales fui desarrollando distintos proyectos como objetos estampados, almohadones, serigrafías, libros (como el que hice con Estudio Erizo -Genoveva, que es un libro para niños videntes y no videntes, con texto en braile e imágenes en relieve), entre otras cosas. Por mi cuenta ya había empezado a hacer enanos de jardín seriados y vitrales.
En el 2013 hice una exposición en Fundación OSDE en la que produje y presenté, con el apoyo de la Fundación y de El Espartano, dos textiles de gran formato. Para ese entonces venía haciendo tapices y tenía muchas ganas de ampliarlos. Esta muestra me dio la increíble oportunidad de poder hacerlo. Hice dos grandes alfombras, una para cada una de las Salitas de Osde. Fue muy interesante porque en ese momento yo todavía estaba problematizando la idea de obra de arte y de producto. Fue tan buena la experiencia, que me sirvió para terminar de destrabar todos los conflictos y prejuicios que tenía en relación a mi trabajo y a aquellas “categorizaciones”. Y empecé a hablar de alfombras, en vez de “textiles de gran formato”. En definitiva son alfombras, que pueden pisarse, transitarse, limpiarse. En la apertura pusimos carteles que decían “Sentite a gusto para pisar las alfombras”, con un dibujo de piecitos en medias. La gente se sacaba los zapatos y caminaba por las alfombras como si estuvieran caminando en la luna.
El año pasado hice una muestra que se llamó Golosinas, en Meta!, una pequeña Galería de Palermo. Fue como tener mi propio local (que era mi gran fantasía) en donde convivieron las pinturas, los almohadones, las alfombritas, los objetos, el libro. Porque tanto las pinturas como los almohadones son igual de importantes, todos constituyen mi universo de trabajo, mi cuerpo de obra.
– N y M: Tus personajes aparecen en tus obras plásticas como en los objetos. ¿Quiénes son estos personajes, qué representan para vos?
– L: Originalmente los personajes correteaban alegres exponiendo sus partes y felicidades. Cuando empecé a hacerlos trabajaba en el Borges y era un momento de mucha expansión. Invertía un montón de tiempo y energía en las muestras que organizaba, pintaba tarde cuando llegaba a casa o los fines de semana, hacía mucha vida social, salidas, inauguraciones. Y todo eso también se tradujo en el espíritu de esa obra. Después los mismos personajes pasaron a estar menos expuestos, es la evolución natural. Problematicé mucho más la pintura, profundicé el trabajo de luces y sombras, y fue como que me recibí de artista, una artista capaz de trabajar los problemas de la luz, del color, el gran formato. Y si bien nunca sentí mucha inseguridad con respecto a lo que hacía, creo que por esa tendencia generalizada a clasificar, y por qué no a estigmatizar, hasta antes de esas pinturas era “Laura la de los pitos” (aunque en realidad lo que siempre me convocó fueron temas que considero más profundos, como la libertad, la importancia de la belleza, de la alegría, del disfrute). Ahora estoy encarando otras obras en donde los personajes no aparecen. Igual sé que son super icónicos, me encantan y los voy a seguir proyectando en otros formatos.
– N y M: Sin embargo tu trabajo con materiales heterodoxos es bastante anterior, por ejemplo, los bordados.
– L: El proyecto de bordados que tuvo más visibilidad fue el de “Dijo la doncella con su habitual timidez”, aunque había hecho otras cosas antes. En estos bordados hay dibujos y piropos que usualmente dicen los hombres, pero esta vez dichos por mujeres. Por ejemplo, uno de ellos decía: “el camello muere en la arena, el águila en la roca, y yo quiero morir con tu polla metida en mi boca”. Al estar bordados con elementos asociados al universo de lo femenino generaban un efecto de dislocación en el espectador. Para mí fue un proyecto hermoso que funcionó muy bien, aunque tal vez demasiado cerradito. Es interesante cómo hoy, frente a la creciente visibilidad que toma la problemática de género, aparecen nuevas lecturas de esa obra, a pesar de que cuando la hice yo era muy inocente.
EXPERIENCIAS CURATORIALES Y GESTIÓN CULTURAL
– N y M: ¿cómo experimentas vos el vínculo entre el artista y el curador al momento de armar una muestra?
– L: Soy una curadora con un fuerte perfil de curador artista, porque fue como artista que empecé a trabajar en ámbitos institucionales y vinculados a la gestión, y de esa manera me acerqué a la práctica curatorial. En este sentido, me interesan más los proyectos en los cuales puedo convocar a un artista o colectivo de artistas y acompañarlos en el proceso de pensamiento, gestación y producción de la muestra. Igual también hice otro tipo de experiencias en las que partí de un tema o idea, como una expo sobre seres fantásticos y ciencia ficción que hice en el Fondo Nacional de las Artes en la que convoqué a un grupo de artistas geniales, como Mariano Giraud, Frank Vega, Miguel Harte, y otros. O la que hice en Fundación Klemm sobre textil, en la que artistas contemporáneas como Marina De Caro o Mónica Millán dialogaban a través de sus obras con el grupo Huarmisachamanta, un grupo de teleras maravillosas de Santiago del Estero. Pero acompañar el trabajo de un artista o colectivo desde la formulación del proyecto hasta su instalación final en el espacio es lo que me gusta y me motiva como curadora. Acompañar al artista en nuevo desafíos, en transitar experiencias únicas que puedan significar una instancia diferencial o especial en su carrera. Pero para eso es fundamental contar con recursos y que las instituciones asuman los riesgos propios de acompañar estos procesos creativos. La experimentación supone riesgos, pero el proceso siempre es muy valioso.
– N y M: ¿Cómo piensan y organizan la gestión del Centro Cultural Recoleta en la actualidad?
– L: El Recoleta históricamente se organizó a través de un director ejecutivo y de un curador general o director artístico, más allá de que eventualmente se armaran comités de selección. Hoy hay un director ejecutivo y un “departamento de contenidos, mediación y nuevas audiencias” que es el que define las diferentes líneas de programación y cómo estas se nutren de contenidos. Este departamento tiene carácter interdisciplinario ya que quienes lo conformamos venimos de diferentes disciplinas: literatura, comunicación y nuevos medios, música, artes escénicas, audiovisuales y visuales. También hay quienes tienen más experiencia en cultura urbana y en trabajos con ongs y otro tipo de organizaciones civiles. Esta composición heterogénea ayuda a profundizar el perfil interdisciplinario del CCR que originalmente fue pensado como un espacio experimental y joven. Se impulsaron distintas líneas de programación según las diferentes áreas. Una para menores de 30 que abarca todas las disciplinas, destinada a creadores, productores, investigadores, etc., y otra para mayores de 30. Estas líneas o programas se organizan a través de convocatorias abiertas y públicas, y de algunas invitaciones especiales. Por otra parte se abrieron convocatorias para trabajar en colaboración con organizaciones civiles y colectivos de artistas donde se esperan y reciben proyectos más híbridos, convocatorias para docentes que quieran dar talleres, residencias, se abrió una línea adolescente en la cual los mismos adolescentes son los que definan las actividades, entre muchas otras cosas. Uno de los grandes objetivos del Recoleta es ampliar su audiencia y pueda ser transitado, experimentado y vivido por más personas y comunidades diferentes, más allá del circuito de las artes. Acompañando esa idea, además de ampliar y diversificar la programación se instaló mobiliario en los patios y terraza, se programa al aire libre y se crearon tres nuevos espacios, como el de lectura, el de dibujo y el de juegos.